dissabte, 19 de febrer de 2011

CIMINO, Michael


Un botin de 500.000 dólares (1974)
John "Thunderboolt" Doherty és un atracador retirat. El seu agut enginy i els seus nervis d'acer el fan un mestre en la seva professió. Ara està a punt de tornar a l'activitat criminal amb un nou soci: "Lightfoot", un jove vividor l'energia i exuberància del qual ofereixen al veterà una nova perspectiva de vida. El seu objectiu: l'aparentment impenetrable Banc de Montana. Després de formar una aliança incòmoda amb els antics companys de "Rayo", llançaran un pla increïble que posarà a prova la seva fortalesa ... i amistat


23 d’abril de1983:
AVENTURAS Y ACCION.

"...La carrera posterior de Michael Cimino es la que convierte ahora en interesante esta primera película de su filmografía, rodada en 1974, con el mejor lucimiento del actor Clint Eastwood.  Si Cimino no fuera el responsable de El cazador (1978), la polémica película sobre la guerra del Vietnam que le valió premios y oscars, y de La puerta del cielo (1981), escandalosamente fracasada  tras haber sido una de las películas más costosas de la actual industria americana, Un botín de 500.000 dólares, que hoy emite  Televisión, se limitaría a una divertida película de aventuras que está lejos de insinuar al conflictivo director posterior.
Un filme intrascendente
En España, como en muchos países, se estrenó a su debido tiempo, pero sin despertar comentarios más elogiosos que los habituales para este género, correctamente hecho pero intrascendente, con el que puden pasar las horas muertas sin que la memoria lo registre.
Clint Eastwood estaba entonces en la cima  de su joven popularidad, tras haber trabajado en España durante años en la fabricación de spaghetti-westerns: fue probablemente el único actor de aquella etapa que logró un auténtico triunfo en Estados Unidos, de donde había venido para trabajar en Europa. Es el sucesor de un buen número de tipos cinematográficos a los que añade una peculiar seriedad, no siempre comprensible.
Las aventuras que interpreta en Un botín de 500.000 dólares, en compañía de Jeff Bridges, se salen, sin embargo, de sus trabajos habituales. Su creciente protagonismo, que ya se acerca a la egolatría, no tenía aún posibilidades de realización; ni siguiera las tuvo en La leyenda de la ciudad sin nombre, filmada años después, y quizá su mejor película...”


La puerta del cielo (1980)

És l'estiu de 1870. A la Universitat de Harvard s'està celebrant la cerimònia de graduació, en la qual participen Averill i Irvine. Anys més tard, en l'hivern de 1891, quan tots dos amics han complert quaranta anys, les circumstàncies de cada un d'ells són molt diferents. Averill, més seriós i visiblement més vell, s'ha convertit en el "marshall" federal. Per la seva banda Irvine, destruït i arruïnat per la beguda, però encara amb seny, és membre de l'associació Stock Growers Agricultors, que està immersa en un conflicte.

Més informació a:

Prospecte del cine ALEXIS, 11 d’agost de 1982:


“...LA PUERTA DEL CIELO es un interesante western en la línea del desencanto político, que recuerda mucho a otros westerns tales como LOS VIVIDORES, PAT GARRET y BILLY the KID y MISSOURI.  Inevitablemente se parece algo a los tres, porque tiene el mismo operador (Vilmos Zsigmond) de la primera, el mismo protagonista (Kris Kristofferson) de la segunda y el mismo director artístico (Tambi Larsen) de la tercera. También se parece mucho a EL CAZADOR, la película anterior de Michael Cimino, algo que en el extravagante y —¿por qué no admitirlo?— decadente Hollywood de hoy marca la diferencia infinitesimal  entre el éxito y el fracaso: la catástrofe comercial de LA PUERTA DEL CIELO y la reducción en metraje de sus sucesivas versiones han sido ya lo bastante aireadas en los papeles como para insistir en ellas ahora.
Como en EL CAZADOR, hay aquí una aguda sensibilidad para presentar l transformación de una comunidad de emigrantes amenazada por un conflicto armado y que —como en las películas de John Ford— quiere preservar, afirmar su unidad en cantos y bailes. Como en EL CAZADOR, se utiliza aquí una estrategia dramática similar: a la larga escena de la boda, donde el grupo permanece todavía unido, sucede la de la graduación en Harvard, con su baile incluido, imagen de una América inocente que el tiempo, el capitalismo y el desencanto se encargan de destruir...”
(Jose Luis Guamer)

“...Aunque existe un problema de  “miscast” con la elección de Isabelle Huppert  —por otra parte, espléndida— para un papel que requería a una actriz mucho mayor y muchos de los personajes ven difuminadas sus relaciones por los sucesivos cortes que ha sufrido la cinta, el conjunto posee un aliente épico raras veces conseguido en la pantalla. Una ambientación exquisita que recoge la línea estética de “Los vividores” de Robert Altman, una fotografía de refinada belleza firmada por Vilmos Zsigmond, unos escenarios naturales de impresionante magnitud y una riqueza de medios absoluta se unen a un lirismo exasperado, un sentido del ritmo mayestático y una meticulosidad sin límites. Fuego, fango, agua, luz, tiros, caballos, baile, —sobre todo, el baile— violencia, música y pasión componen una sinfonía hermosa, apasionada y lúcida. Una película, pues, de perfiles clásicos que merece ser disfrutada y apreciada en su justo valor, que es muy alto....”
(Jorge de Cominges)

MICHAEL CIMINO
“...Nació en New York en 1943, realizó estudios de Arte y Arquitectura en Yale, y tras el Servicio Militar se decide por el Teatro. Su profesor fue John Lehne (el mismo de Dustin Hoffman y Al Pacino.
Tras realizar diversos documentales y cortometrajes escribe, junto con Deric Washburn y Steve Bochco, el guión de “Naves misteriosas” (Silent running) en 1970, que realizará después Douglas Trumbill. Su etapa como guionista proseguirá en 1973 cuando sustituye a John Milius, el director de “Conan el bárbaro”, en la redacción del segundo capítulo de la serie del inspector Harry para Clint Eastwood, “Harry el fuerte” (Magnum force). Contento con los resultados Eastwood le contrata para dirigir, en 1974, “Un botín de 500.000 dólares” (Thunderbolt and lightfoot).
Tras diversos proyectos frustrados, como una readaptación de “El manantial” (The fountainhead, previamente realizada por King Vidor), o una versión de “The life and dreams of Frank Costello”, Cimino llega al estrellado gracias a “El cazador” (The deer hunter) de 1978, el film con el que consigue un fulgurante éxito y, entre otros, los Oscar al Mejor Film y Mejor Director del Año.
Encumbrado hasta lo indecible se embarca entonces en la realización de “La puerta del cielo” (Heaven’s gate), un film que por su presupuesto “disparado” (aunque no disparatado) de 40.000.000 de dólares, la reducción de su duración original (tres horas y cuarto), tras un fracasado primer estreno en Noviembre de 1980 que aconsejó retirar el film de cartel dos días después, y la compleja serie de problemas técnicos y publicitarios que arrastró hasta su segunda oportunidad, ya con un metraje de 2 horas 31 minutos, se ha convertido en uno de los casos más “sonados” de la historia del cine. Cimino ha pasado de niño mimado de la Industria a uno de los “enemigos públicos” más claros de la misma. No obstante está creciendo un cierto culto por el film y su autor, y se habla ya de reponer el film en su versión íntegra original...”

DATOS HISTORICOS DE LA GUERRA DEL JOHNSON COUNTRY
“...Hacia 1980 el equilibrio, siempre tan precario, entre agricultores y ganadores se ha roto. Los granjeros conscientes de su poder, disputan, en algunos casos victoriosamente, una influencia política que recobraría para ellos la totalidad del Johnson Country, cuya ciudad clave es Buffalo. Los ganaderos consolidan sus asociaciones, tanto en Montana como en Wyoming, que retienen aún un incontestado liderazgo entre ellos. Como tanto por un lado como por el otro la defensa de los propios intereses domina todas las preocupaciones la situación del territorio es explosiva.
A ojos del granjero el ganadero no cesa de acaparar las mejores tierras y violar sus propiedades. Los ‘Jayhawkers” de Kansas-Missouri razonaban en 1866. El ganadero acusa al granjero de robos de caballos y ganado. Un reproche tímido, por otra parte, argumento de oposición que, sin pruebas tangibles, no basta para meter en cintura a los Vigilantes de GranviIle Stuart. Sin embargo desaparecen animales, ante lo cual los rancheros deciden actuar aunque discretamente. Envían a sus pastos, disimulados como cowboys, detectives (Range detectives o Range Inspectors) encargados de vigilar sus rebaños y a los granjeros. Un trabajo ideal para los ExMarshalls de los pueblos muertos o pistoleros especializados. Pero pese a esta medida los robos continúan sin que él granjero pueda ser acusado formalmente.
Como se necesitan víctimas los detectives buscan una: una noche de Julio de 1889 cuelgan a la hermosa Ella, la reina del “Sweetwater”, llamada Kate Maxwell, y a Jim Averill, su socio en la explotación de un Saloon muy hospitalario para los cowoys. Se decía que estos pagaban los favores de Ella con animales no marcados. De ahí el constante crecimiento de sus manadas. A la mañana siguiente de la ejecución —que el Weekly Mail de Casper (Wyoming) califica como un “acto atroz”— los granjeros se levantan indignados. El Jurado legalmente constituido para decidir la suerte de los 10 sospecho os arrestados no pudo dictar sentencia, los acusados se habían evadido…”


Manhattan sur (1985)

Un veterà del Vietnam, Stanley White (Mickey Rourke), té com a nou destí, després de quinze anys a la policia, el districte cinquè de la ciutat de Nova York, més conegut com Manhattan Sud. La seva comesa és acabar amb unes bandes juvenils que tenen presa aquesta zona. Les seves investigacions el porten a la perillosa màfia xinesa, dirigida per Joey Tai (John Lone) i que controla totalment el negoci de la droga sota una implacable llei de violència. Això es converteix per White en una obsessió, però el seu passat frustrant i la seva situació personal el porten a anar més enllà de les ordres rebudes.


Article d’Octavi Marti, a EL PAIS, 2 febrer 1986:

Un policía, bajo el influjo de Wojtyla
“...A Michael Cimino no se le ha perdonado que, casi debutante en los menesteres de dirección, ganara premios, prestigio y dinero con El cazador (The deer hunter), un espléndido retrato de Estados Unidos  por el que se le tachó de racista. El siguiente paso consistió en emprender un rodaje complicadísimo, cuyo fruto fue la ruinosa La puerta del cielo (Heaven’s  gate). La desmesura del proyecto y el presentar la conquista del Oeste desde una óptica que privilegiaba la lucha de clases como motor de la historia hicieron que todo Hollywood acusara a Cimino de megalomanía y antiamericanismo, acusaciones que aún arreciaron cuando el director comparó  lo que le pasaba con lo sucedido con Intolerancia (de Griffith), El cuarto mandamiento (de Welles) o Centauros del desierto (de Ford). La modestia no figura entre las virtudes  de Cimino.
Con Manhattan sur  ha vuelto la polémica  y las imputaciones de racismo. Las comunidades de polacos y rusos inmigrados habían sido las protagonistas de las dos películas anteriores, mientras que, aquí  lo son los chinos, los habitantes de Chinatown  y el sur de Manhattan, dominados en buena medida por una mafia oriental qué recibe el nombre de Triada y compite con la italiana. El héroe es un policía de origen polaco, pero de nombre americanizado —Stanley White—, que ve con malos ojos que los chinos conserven  sus costumbres, su idioma y un código moral en el que se valora el secreto. Es un policía que combatió en Vietnam —el coguionista Oliver Stóne también—, hecho que actúa como trauma a partir del cual se justifica su comportamiento, sin duda racista en muchos momentos.
Demasiado a menudo el discurso de un filme se confunde con el que expresa su principal personaje. En Manhattan sur  es absurdo asegurar que Cimino comparte todas y cada una de las cosas que hace o dice Stanley White. La filmación, con sobreabundancia de largos planos circulares, no privilegia personaje o mirada alguna. Algunos de los colaboradores  de White definen muy bien la paranoia del policía dispuesto a continuar las batallas de Vietnam en Nueva York, incapaz de darse cuenta de cómo su pureza de funcionario del  orden destruye todo y a todos cuanto se le acercan, del aislamiento sentimental en que le encierra su condición de cruzado —su casa está repleta de cruces y estampas del papa Wojtyla—, del infantilismo subyacente en su relación con la realidad, de su condición emblemática de la Norteamérica de Cimino, siempre dividida entre los orígenes y un nacionalismo de nuevo cuño que se revela como mal cemento.
Si en El cazador, Robert de Niro al final acababa admitiendo que toda su agitación se debía menos a motivos bélicos o patrióticos que a su amor por Cristopher Walken, en Manhattan sur la crispación de Mickey Rourke en su papel de White está en función de una evidencia que desea negar: él es igual que Joey Tai, el joven y ambicioso jefe de una de las triadas, interpretado por John  Lone. Ambos son jóvenes, ambiciosos, poco tolerantes y racistas. El que estén a un lado u otro de la ley deja de importar cuando los asesinados  son compañía constante de ambos. Y se enfrentan defendiendo lo mismo: White ataca a los chinos porque les niega el derecho a la igualdad; Joey Tai quiere imponerse a todos porque se niega a que los orientales sean como los demás.
Al margen de que el guión esté construido buscando un juego de espejos,  de manera que una escena familiar  entre polacos sucede otra entre chinos, hay un personaje que no  pertenece a ninguno de los dos bandos —su nombre, Tracy Tzu, nace de la aceptación de un compromiso de coexistencia y fusión entre su pasado de China y su presente neoyorquino— y que actúa como intermediario, como fabricante de imágenes. Tracy Tzu es una periodista televisiva, y tanto Tai como White quieren convencerla de que sea su portavoz. Para el oriental es importante que la televisión acabe con el tópico de la maldad congénita que esconden los ojos rasgados, que no se hable de los chinos como de Fu Man-chú  sino como industriales que contribuyen a financiar universidades u hospitales, o de su pasado de trabajadores  anónimos, a los que se negaban todos los derechos de ciudadanía, pero que servían para tender las grandes líneas férreas.
Stanley White utiliza a Tracy Tzu justamente para lo contrario, para llamar la atención sobre la criminalidad que reina en un barrio de superficie exótica y tranquila. Y ella, que se deja arrastrar momentáneamente por White, no tarda en darse cuenta de que está siendo instrumentalizada por un fanático. Tracy Tzu es la imagen ideal de Norteamérica: bella, moderna, rica, competente e hija de una mezcla de razas y culturas. Su casa, increíblemente bien situada sobre el Hudson, es expresión perfecta de su condición de modelo. Y la última secuencia, después de que White se haya visto reflejado en el rostro de Tai, reúne a la pareja bajo la sinfonía Resurrección, de Mahler.
Personajes contra historia.
Rodada casi por entero en estudio, con un derroche de inventiva visual insólito en unos momentos en que se tiende a la estética de la objetividad —es decir, del telefilme—, estupendamente interpretada, Manhattan sur no es una obra redonda porque no logra conciliar unos personajes fuertes con el desarrollo del relato. Esto hace que, una vez ha explotado el drama familiar de White—la secuencia es memorable, y Rourke y Caroline Kava están espléndidos—, el filme se pierde en lo explicativo; resulta prolijo. Aisladamente, las secuencias están muy bien resueltas, pero la progresión dramática se ha detenido. El rosario de muertes es previsible, y agradeceríamos un crescendo en concisión. Pero, ya se ha dicho; la modestia no figura entre las virtudes de Cimino, y él sigue empeñado en demostrarnos lo que ya sabíamos: que es un buen, un excelente cineasta, aunque sea en detrimento del conjunto...”

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