dijous, 5 d’agost de 2010

POLLACK, Sidney

Danzad, danzad, malditos (1969)
Història al voltant d'una marató de ball a principis dels anys 30. Gent desesperada, de totes les edats, s'apunta a la marató per trobar un lloc on dormir i menjar mentre altres passen fam a l'exterior. Mentre els concursants posen al límit la seva resistència física i psíquica, una multitud ve a veure el seu sofriment per divertir-se i entretenir.

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ALOHACRITICON


Las aventuras de Jeremiah Johnson (1972)
Cansat de la civilització, Jeremies Johnson, un soldat federal que fuig de la guerra mexicana, decideix abandonar-la i dirigir-se a les gelades muntanyes. Allà començarà a lluitar per sobreviure amb l'ajuda d'un vell paranyer. Descobrirà la violència dels indis que habiten aquestes terres i haurà de defensar la seva família. Finalment la seva ira caurà sobre la tribu dels Crow.

Crítica de Diego Galan a EL PAIS, 6 de gener de 1985:
UNA ADMIRABLE AVENTURA.

"...Los problemas que habitualmente ha tenido Sidney Pollack para convencer a productores y distribuidores del interés de sus proyectos (Propiedad condenada; Danzad, danzad, malditos, Tal como éramos; Un instante, una vida...) fueron protagonistas en la preparación de Las aventuras de Jeremiah Johnson. Lograr que el filme se rodara en escenarios naturales sin aumentar con ello un solo dólar del presupuesto original, fue una batalla tan dura como la que interpreta el protagonista de la historia. Más tarde, la película obtuvo un clamoroso éxito de taquilla, y sus financieros, como es habitual en estos casos, se dieron por satisfechos.
La razón del éxito no sólo estribó en la popularidad de Robert Redford, entonces en la cima de su glamour (1972), sino el punto de vista con que el director contemplaba las relaciones del hombre blanco con los indios antes de que comenzara el genocidio, hacia la mitad del siglo pasado.
Jeremiah Johnson decide aislarse en las montañas, olvidar el mundo y establecer una relación cordial con la naturaleza. Sus dificultades y satisfacciones van escalonando el filme. Con gran sencillez narrativa, Pollack (ayudado por el guionista John Milius, hoy penoso director de Amanecer Rojo) dividió su periplo en tres partes: el aprendizaje de la vida en la montaña, las relaciones con su improvisada familia y su definitivo enfrentamiento con los crows.
Respetando los términos de una balada, la película objetiva el mito de Jeremiah Johnson como el comedor de hígados, con que, al parecer, pasó a la historia. Profundiza en la concepción del individualismo tan típicamente americano, conecta con la pasión ecologista que en la década de los 70 comenzaba a sustituir las inquietudes más directamente políticas y ofrece, en definitiva, un canto a la pureza de una etapa primitiva de la vida que difícilmente puede ya soportar un hombre urbano: “Quizá demuestre la película”, dijo el director, “que antes de huir de la civilización hay que comenzar por aceptarla”.
Sin perder un curioso sentido de la ironía, al que Robert Redford colabora con sutileza, y un obligado respeto por la difícil sencillez narrativa que se eligió, Las aventuras de Jeremiah Johnson ofrece un curioso espectáculo que no cuenta con los ingredientes tópicos o, al menos, habituales del cine brillante.
“Cuanto en la película es fisico”, continuó Pollack, «es auténtico: la manera de colocar las trampas, la forma de pescar, de preparar el fuego, la vestimenta de las gentes, el sistema de mantener caliente durante la noche haciendo un agujero en el suelo y colocando en él trozos de carbón ardiendo y cubriéndolos de tierra, la manera de descuartizar los animales y cómo hacen los cuchillos con que hacerlo, es auténtico, al menos de acuerdo a mis informaciones. No hay nada en la película concerniente a los detalles técnicos que no sea auténtico»..."


Tal como éramos (1973)
Hubbell Gardiner (Redford) i Katie Morowsy (Streisand) són dos estudiants universitaris de molt diferent caràcter. Hubbell és un atleta famós a la seva universitat, un gran conquistador i amant de la bona vida. Katie té una decidida vocació política i és conseqüent amb les seves idees. Tots dos es troben i s'enamoren. Després d'un curt festeig, es casen, però el matrimoni no funciona com creien.

Crítica de J. Batlle Caminal a EL PAIS, 21 de febrer de 1986:
DOS ESTRELLAS PERFUMADAS.

"...Tres títulos, ni más ni menos que tres, inmortalizaron a primeros de los setenta las faces doradas del ídolo Robert Redford, años antes que el chico se dorara todo él con Gente corriente, demostrando que también sabía dirigir; esto es, que tras la esfinge tallada en serio del jugador de béisbol, puro all american boy, había un intelectual.
Esos tres títulos fueron El golpe, El gran Gatsby y Tal como éramos [el que veremos esta noche]. Y los tres pusieron de moda el aspecto retro de una sociedad superficial esculpida a base de chalecos a rayas y jerseis Gatsby.
Se rompía así el empacho cultural de los años sesenta —creando a su vez una nueva cultura: la sastrería— y se volvía a la prehistoria del star system. Recuerden que ya en 1934, al quitarse la camisa Clark Gable, descendió la venta de camisetas en todo el mercado norteamericano: el actor no las usaba.

Publicidad
La habilidad publicitaria de los estadounidenses es admirable: con cloroformo y grasa de mofeta serían capaces de crear un, digamos, perfume, y sólo con informar al respetable de que ese líquido riega los cabellos de Robert Redford, Richard Gere o Paul Newman ya bastaría para desbancar en la primera semana la estable economía cosmética parisiense.
Robert Redford, por un lado, y Barbra Streisand, por otro, son los perfumados artífices de la existencia exitosa de Tal como éramos. El gran arte de los modistas, de los maquilladores y de los peluqueros sobre las estrellas de Hollywood es el triunfo definitivo de una película, por lo demás pasablemente bien estructurada por Sydney Pollack, que desarrolla un tema importante y en otro tiempo tabú: el macartismo, esa inquisición que en nombre del tío Sam quemaba a toda bruja, o presumible bruja, que usara el color rojo más allá de lápiz de labios o la carrocería del Chevrolet.
Un tema espinoso que Pollack recorre sin apenas pincharse, al anteponer sobre toda premisa melancolía, romanticismo y melo.
Una película de amor, en definitiva, como todas las películas de amor, sólo que aquí los protagonistas no son corredor de carreras él y actriz de teatro ella; no, aquí ella es comunista y él capitalista. El se plantea la vida en términos contemplativos; ella, el mundo -como tierra abonada para la revolución (si se escribe la palabra en minúsculas es porque Pollack no es Eisenstein).

Comprensión
Ni que decir tiene que con el tiempo y una caña, y con la correspondiente sucesión de acontecimientos —el referido macartismo, por ejemplo—, la pareja, si bien nunca llegará a entenderse, a formar una convivencia estable, sí en cambio verá nacer una mutua comprensión: él comprobará que no todo el camino es de rosas en esta vida, mientras ella reconocerá que tampoco hay para tanto, qué caramba.
Por fortuna, Sidney Pollack nos pinta el cuadro sin pretender pontificar, con credibilidad. Hay un sabor legítimo en el personaje de Robert Redford, escritor de segunda fila al principio, guionista de Hollywood más tarde y, finalmente, en tiempos de capa caída, autor televisivo. Y hay igualmente ecos de verosimilitud en la creación —contenida— de Barbra Streisand en el papel de la judía errante rebosante de inquietudes, ideológicas.
Tal como éramos es un producto manufacturado por la industria más poderosa y engrasado a la perfección en todos sus apartados. Pero, aun así, se permite bucear a conciencia en su propio mundo, cuestionar los valores morales que ella misma representa. Se le va a veces a Sidney Pollack, el gran triunfador, al parecer, de Memorias de África, la película de inminente estreno en España, la mano ternurista, pero el resultado, con todo, es decente, sensible, bastante triste..."


Tootsie (1982)
Michael Dorsey és un actor novaiorquès que encara no ha aconseguit el reconeixement amb un bon paper. A més, en determinats cercles artístics arrossega fama de "difícil" personalitat. Com la seva mala ratxa no s'acaba, un dia pren una important decisió: fer-se passar per una dona i tractar de trobar una oportunitat. Aconsegueix un paper, però la seva nova identitat li portarà no poques complicacions en la seva vida diària.

Crítica de Jesús Ruiz a EL CORREO CATALAN, 20 de març de 1983:
CUANDO ELLA ES ÉL.

"...En su «Diario íntimo», aquel gran tímido que se llamó Heinrich Friedrich Amiel aseguraba que en el interior de todo hombre late un espíritu femenino. Quizás haya que tener en cuenta esta reflexión ante las imágenes de «Tootsie», película del maestro Sidney Pollach, que acumula ya un montón de propuestas para los «Oscar» y en estos momentos —dicen-— es uno de los mayores éxitos cinematográficos en USA.
«Tootsie», apelativo que emplean los anglosajones, con otros —«honey», etc.— para dirigirse - tiernamente a las componentes del sexo opuesto, narra la historia de un tal «Michael Dorsey» (Dustin Hoffman), actor neoyorquino y profesor de arte dramático, que pese a tales títulos, no encuentra trabajo. Más para demostrar sus calidades como actor que por auténtica necesidad, se disfraza de mujer para conseguir un papel en uno de esos seriales televisados de larguísima duración. Contra toda previsión, consigue un éxito bajo la apariencia de «Dorothy Michaels». Esta «Dorothy» compone el tipo de mujer muy segura de si, que rechaza el papel de «objeto» y que sin encarnar un feminismo absolutamente agresivo, se hace, sin embargo, objeto de admiración de múltiples teleespectadoras.

Sin llegar al vodevil.
Su papel feminista la lleva a trabar amistad con «Julie» (Barbara Laage) de la que acaba por enamorarse. Lo malo es que el padre de «Julie», llamado «Les» (Charles Durning), viudo desde hace años, se fija en «Dorothy» como posible segunda esposa. Y para complicar más las cosas, allá está también «Sandy» (Ten Garr), con quien «Michael» ha mantenido una ocasional relación y que le cree, no sin sus razones, homosexual. En tanto que «Julie» se ve asaltada a su vez por la sospecha, más que fundada también, de que «Dorothy», experimenta inclinaciones lésbicas. Para completar el embrollo, tipicamente vodevilesco, el galán otoñal «John van Horn» (George Gaynes) se deja arrastrar por una volcánica pasión hacia la intérprete del programa televisivo del que es asimismo partícipe.
He hablado de vodevil típico; ahí está, pero la diestra mano de Pollack, el realizador de «Jeremiah Johnson», «Tal como éramos» y «Yakuza», por citar títulos recientes, ha acertado al no acentuar este carácter. Y «Tootsie» viene a resultar así una comedia, ciertamente, pero en la que no faltan tampoco sus toques melodramáticos, ya que el personaje de «Michael-Dorothy» oscila entre la amistad y el amor y, llega en algunos momentos a sentirse plenamente identificado con la problemática femenina que
«Julie» se encarga de plantearle. A la vez que espolea con su presencia la condición masculina del actor.

Eje casi único
Entre los riesgos que comportan esta clase de historias está el de la vulgaridad que puede acechar a cada instante. Dustin Hoffman no se deja arrastrar - en momento alguno por este peligro. El actor que se reveló en «El graduado» y que en «Kramer contra Kramer» consiguió multitudinaria aceptación, viene a resultar por supuesto eje casi único de esta cinta que Sidney Pollack ha realizado con auténtico esmero y en la que ha querido evocar, inclusive, sus tiempos de actor en el papel del representante de «Michael-Dorothy». Personaje hombre-mujer, este, que si bien nos hace reír a lo largo de la cinta, también —y ese es su mérito principal— hace igualmente pensar..."



Memorias de África (1986)
L'acció es desenvolupa el 1914 i ens presenta l'escriptora Karen Blixen (interpretada per Meryl Streep), una dona forta i decidida que amb el seu marit (Klaus Maria Brandauer) té una plantació de cafè a Kenya. Ella s'enamora ràpidament del continent i la seva gent. Un dia coneix a un misteriós caçador blanc (Robert Redford) pel qual no pot evitar sentir-se atreta.Junts viuran una forta passió.

Un dels més memorables romanços èpics del cinema dels anys 80, guanyadora de 7 Oscars el 1985: millor pel·lícula, director, guió, fotografia, música, direcció artística i so. Es tracta d'una de les millors pel·lícules del tàndem format pel realitzador Sydney Pollack i l'actor Robert Redford, entre les quals figuren Els tres dies del còndor o Les aventures de Jeremiah Johnson.En aquesta ocasió, Pollack adapta diverses novel.les de l'escriptora Isak Dinesen. La inoblidable música és obra del magistral compositor John Barry (Bailando con lobos).

Crítica d'Ángel Fernández-Santos a EL PAIS, 11 de març de 1986:
NOBLE, BRILLANTE MELODRAMA

"...Memorias de África es una película transparente. Se ve y se oye —y hay que insistir una vez más en que se asista a la versión no doblada, con sonidos y voces intactos— con tanta facilidad que quedan ocultas a la primera mirada algunas de sus complejidades.
Se deslizan simultáneamente en Memorias de África varias corrientes; actúan al mismo tiempo diversos estímulos y su entramado se teje con muchos hilos. Cada uno de estos hilos es en sí mismo cine noble, pero el resultado de su conjunción multiplica esa nobleza.
¿Qué es Memorias de África? Es, ante todo, una elegía: la convocatoria de una mujer enamorada a los fantasmas del mundo y del hombre que ama. Tiene, por ello, algo de poema convencional. Es, en segundo término, una brillante construcción, un filme que, sirviéndose de magníficos materiales visuales y sonoros, discurre sobre un tiempo dispuesto con elegancia, según las leyes de la armonía. Tiene también, por ello, cierta condición de música.
Memorias de África es, en tercer lugar, un buen ejercicio de creación de un espacio de la memoria sentimental. El África evocada por Sydney Pollack a través de la reconstrucción subjetiva —y de ahí, de esa subjetividad, procede la sinceridad del filme— de una parte de la vida de la escritora danesa Isak Dinesen es, ante todo, un ámbito del recuerdo y, por tanto, una convincente indagación cinematográfica en los entresijos de la añoranza y de la nostalgia. Memorias de África es un melodrama, todo un melodrama, pero en cualquier caso un excelente melodrama.

Historia de una mutación
No hay ninguna intencionalidad documental en el filme, por lo que es trivial echar de menos en él, como se ha hecho, falta de enunciados políticos e históricos. Ciertamente hay algunos, pero sólo indirectos, sin ninguna relevancia y sin otra función que la del soporte del relato de la experiencia íntima e intimista de una mutación personal, la de Isak Dinesen cuando encontró el amor en Denys Finch Hattom, un aventurero solitario y decepcionado por la conversión —a consecuencia de los cambios en África tras la 1 Guerra Mundial— del primer magma colonial carente de limites en un sistema colonialista cerrado sobre sus bestiales fronteras.

El África de los espacios abiertos cantada por Dinesen murió entre 1914 y 1918, y con ella se desvanecieron todos los Finch Hattom que, con su carabina al hombro y su desprecio por lo que quedaba a sus espaldas, la cruzaban de parte a parte. Como los Jeremiah Johnson, también evocados por Pollack y Redford en otra bella película, recorrían de arriba abajo la espina dorsal de la América de las montañas Rocosas sin otra ambición que hacer de su aventura un arte de vivir. Sin parecerse en nada, el melodrama Memorias de África y el western Las aventuras de Jeremiah Johnson son películas que tienen mucho que ver entre sí: proceden de la misma cantera estilística que, con una tercera película, Danzad, danzad malditos, componen lo más afinado de un cineasta que acierta tanto más cuanto menos se encierra en los estrechos pasillos de la puesta al día, de la llamada modernidad, y sale a buscar sus propios espacios abiertos en las enseñanzas del cine de siempre, que sigue siendo el de hoy.
De Robert Redford, Pollack ha sacado mejor partido que ningún otro colega suyo, aun tratándose de un actor tan limitado como éste. Con Meryl Streep, una actriz con
excelente técnica, que es una especie de producto de laboratorio de alta precisión, pero que resulta fría y casi siempre poco inspirada, Pollack ha ratificado su maestría en el difícil arte del manejo de los actores: ha barrido su técnica y ha sacado de la actriz lo que ésta parecía no tener, alma. A Karl Maria Brandauer, que es amigo de la sobreactuación, Pollack le ha parado los pies en Memorias de África y ha extraído de él una composición contenida y casi perfecta.
El último aspecto notable de esta película es el —difícil de sostener— ritmo cadencioso con que Sydney Pollack mantiene sus dos horas y media de duración. Sin golpes de efecto y sin baches calculados para hacer resaltar en el momento oportuno las escenas de cima —que es lo que suelen hacer los cineastas marrulleros—, su filme discurre sobre grandes volúmenes, con gran empaque, pero sin engolamiento, incluso con cierta discreción, lo que es todo un mérito si se tiene en cuenta el derroche de medios técnicos que hay detrás de sus deslumbrantes imágenes..."

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