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dissabte, 18 de setembre del 2010

KUBRICK, Stanley

Senderos de gloria (1957)
A la França de 1916, durant la Primera Guerra Mundial, el general Boulard ordena la captura d'una inexpugnable posició alemanya i encarrega aquesta tasca al ambiciós general Mireau. Aquest, al seu torn, ordena al coronel Dax que encapçali l'atac. La presa del turó resulta un infern, i el regiment torna a les seves posicions. L'alt comandament militar, irritat per la derrota, decideix castigar i donar exemple als soldats.

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Crítica d’Octavi Marti a EL PAIS, 19 d’octubre de 1986:
UNA PELÍCULA MUY PROHIBIDA.

"...Con casi 30 años de retraso nos llega esta película de Stanley Kubrick, la primera que él rodara disponiendo de un presupuesto medianamente alto —900.000 dólares, 300.000 de ellos para su protagonista— gracias al éxito obtenido con la recientemente repuesta Atraco perfecto.
El retraso se debe a la indignación que el filme despertó entre los censores de distintos países, entre ellos los franceses, británicos y, cómo no, españoles. Pero, ¿por qué tantas prohibiciones? Hemos citado sólo la reacción de los guardianes de la moral de unos pocos países, pero fueron muchos más los que impidieron que esta película, basada en una documentación estricta y que reconstruye hechos que realmente ocurrieron en el frente durante la 1 Guerra Mundial, pudiera ser vista por esos ciudadanos a los que, cuando llega el momento, se reclama para que se incorporen a filas y sean protagonistas de desastres semejantes a los mostrados en la pantalla. La indignación que provocó Senderos de gloria no tiene nada que ver con la de The bigparade o Sin novedad en el frente, y su tono tampoco la asemeja a La gran ilusión, de Renoir, con la que sí mantiene algunos puntos de contacto.
Senderos de gloria no es una película antibelicista al uso, el suyo no es un discurso humanista que nos muestre los horrores de la guerra y pretenda imponer la fraternidad universal por encima de conflictos entre naciones o clases.

Decorado siniestro
En Senderos de gloria, el abuso o la utilización que se hace del poder es el tema central del filme, y las masacres bélicas son sólo el decorado siniestro, filmado con tanto virtuosismo como frialdad, en el que transcurre la batalla sorda entre generales ambiciosos, concretamente entre dos ilustres generales interpretados por Menjou —formidable en su cinismo— y George Macready.
Los soldados que ellos comandan son tanto o más víctimas que los enemigos de las ambiciones de los militares profesionales. Si Menjou le propone a su colega un ascenso a cambio de que se apodere- de una posición alemana inexpugnable, éste acepta el reto aunque eso le obligue a disparar contra sus propios hombres para evitar que retrocedan.
Luego, cuando el fracaso se ha consumado a costa de centenares de vidas, habrá que buscar unas víctimas propiciatorias a las que culpar de la derrota.

Parafernalia militar
Menos sarcástica que la postenor ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú, esta película de Kubrick no juega ni con el humor ni con la ironía. Tampoco dedica especial atención a los ideales o a las grandes palabras que pronuncia el coronel Dax, interpretado por Kirk Douglas y supuesto héroe de la función, sino a las personas e instituciones que manejan toda la parafernalia militar, ya sea en el terreno de la guerra ideológica o en el campo de batalla.
El general Broulard, al descubrir que Dax denuncia a su superior sin propósito de medrar, se escandaliza: “O sea, que usted quería salvar de verdad a esos hombres. Es usted un idealista, y le compadezco”..
Senderos de gloria es algo así como una invitación a la desobediencia, a desconfiar siempre de quienes mandan, y eso, desde la perspectiva de un censor, es mucho peor, más corrosivo, que recordar los millones de muertos que han generado las dos últimas grandes conflagraciones. Con esto queda claro que el tratamiento formal y dramatúrgico que Kubrick busca para el filme está en consonancia con sus ideas...”



Lolita (1962)
Humbert Humbert, un professor de quaranta anys, acaba d'instal.lar-se a Ramsdale, New Hampshire. Allà s'enamora perdudament d'una nena d'onze anys, tant que concep un pla mestre: es casarà amb la seva mare, Charlotte Haze, per poder estar sempre a prop de l'objecte dels seus afectes: l'alegre adolescent, la irresistible nímfula de nom encantador, líric i melodiós: Lolita.


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Comentari a EL PERIODICO, 9 de setembre de 1983:
LOLITA

“...A raíz de 2001: una odisea del espacicio, La naranja mecánica y Barry Lyndon la impresión general es de que Stanley Kubrick es, no sólo un buen director, sino un artífice de películas grandes, radiantes, con un colorido espectacular. Un director de superproducciones, en suma. Pero esa es una impresión equivocada porque antaño la fama de este rey Midas del cine moderno se cimentó gracias a dos films en blanco y negro, Paths of glory y Lolita.
En Lolita, hoy en el cine Céntrico, Kubrick llevó a cabo una concentrada y amarga adaptación del best-seller de Nabokov que rompió los sueños de una juventud americana sonrosada, limpia y familiar. Lolita se convirtió en el término que definiría a esas adolescentes de expresión ingenua y matas Intenciones, dedicadas a no dejar hombre maduro tranquilo sobre la tierra. Sue Lyon, retozando con su hoola-hoop por el jardín, ante el estupor de James Mason, un profesor culto y respetable que terminará echándolo todo por la borda con tal de poderle pintar las uñas de los pies, fue la intención que removió los rescoldos de otro escándalo con chiquilla calenturienta, aquella Baby Doll que provocó las iras del cardenal Speflman. Las interpretaciones extraordinarias de Mason, Peter Sellers y Shelley Winters completaron la fuerza de Lolita, todo un impacto...”

Article de G. CABRERA INFANTE a EL PAIS, 21 de novembre de 1982:
LOLITA, cumple 27 AÑOS

La reposición en las pantallas españolas de la película Lolita, de Stanley Kubrick, provoca en el autor de este artículo el recuerdo de su primera lectura de la novela del mismo título de Viadimir Nabokov, publicada en 1955, que constituyó un escándalo y la consagración de su autor. El propio escritor realizó el guión cinematográfico que Kubrick filmó en 1962. La película, protagonizada por Sue Lyon, James Mason, Shelley Winters y Peter Sellers, que se estrenó en España en 1971, en los recién creados circuitos de arte y ensayo, tuvo problemas con la censura en varios países. ‘Lolita’ cumple 27 años. Vuelve a las pantallas la película de Stanley Kubrick, protagonizada por Sue Lyon y James Mason, sobre la novela de Viadimir Nabokov.
 
G. CABRERA INFANTE
“...En La Habana vieja, en una calle irlandesa, O’Reilly, había una librería francesa llamada la Casa Belga. Allá iba yo a comprar cada semana Cinemonde, la revista parisina popular en el mundo del cine de entonces. Si es memorable es por sus abigarradas portadas a cuatro colores, de un kitsch cálido (como Martine Karol en Lucrezia Borgia o en Naná, toda tetas teñidas: de yodo la piel, de yema el pelo), y por sus títulos de películas notables por su sentido insólito, que a veces solía coincidir con el original. Así, High Noon no se llamaba Solo ante el peligro, como en España, sino El tren pitará tres veces, y The Set-up no era El perdedor, como en Cuba, sino Hemos ganado esta noche, mientras que la legendaria Lo que el viento se llevó se llamaba en Cinemonde, entre exclamaciones, con un título que siempre me recordó a un director de cine de moda entonces, Auntant Lara: este clásico del cine en color, con 10.000 extras y un productor que reía mientras Atlanta ardía, se convirtió en francés en Autant en emport le ven !.
Amado Alonso (sin parentesco con don Amado Alonso: nótese que no tiene don), el dependiente de la Casa Belga, me facilitaba cada mes Cahiers du Cinema, el cinemonde de la crítica. Pero de cuando en cuando me mostraba de soslayo el título prohibido de un libro que se vendía en todas partes, y me lo aseguraba, como camp caliente, venido, como Cinemonde, como Cahiers y los bebés, de París. Solían titularse estos libros libertinos con nombres como Prelude charnel o Les chansons de bilitis, y estaban primorosamente ilustrados, a mano y a todo color subido, con paisajes poblados por ninfas ninfómanas y faunos fálicos. También tenía Amado a mano novelitas de The Obelisk Press, editadas en Francia en inglés, y ya se sabía qué eran estas ofertas bilingües: una ofrenda de amor en cada entrega. Algunos IIbros estaban infibulados para garantizar al cliente la virginidad total del tomo: la posibilidad de un desfloramiento bíblico se aseguraba sólo al comprador, ceremonia previa al goce de la lectura prohibida. La librería se convertía así en álbum y harén, y los lectores éramos, como Valentino, hijos del jeque.
Amado Alonso, impar, era un asturiano de edad media, mediano, de peso medio, con caderas y cara maciza, de cabeza clara y frente despejada. Siempre de cuello y corbata, sin siquiera reparar en la cruel canícula. Este era el invierno de su contento en esa Casa Belga que nunca conoció el frío exótico del aire acondicionado. Su ambiente enrarecido por el bochorno, horno y entorno erótico, apenas lo movían las aspas altivas del ventilador que pendía del cielo raso como una palmera invertida. Si Amado Alonso era serio, más estólido, sólido, era el propietario, que nunca dejaba la trastienda tórrida.

Humor y sorpresa
Cuando lo hacía, raro, se mostraba un belga bajo o del País Bajo: rosado, de barba cana y con aspecto de holandés errado, más que de valón. Se llamaba Vandamn, y al conocer el viejo vicio que lo transportó en éxtasis de Amberes a una antigua antípoda ambigua, yo lo llamé Vandamned, recordando el círculo como un hoyo que reserva Dante en su infierno a los pederastas pasivos. Fue así, con más humor que sorpresa (o vicio versa), que supe que Vandamn y Alonso eran amado y amante y bailaban cada noche un flamenco raudo y lento, fraudulento, con castañuelas blandas.
Lo anterior es, por supuesto, más digresión que agresión y no tiene nada que ver con Lolita, excepto que...
Un día de 1956, temprano en la estación violeta, Amado Alonso me enseñó no una gramática parda, sino un librito verde que por la magia blanca de la moral al uso y la publicidad púdica se convertiría en un tomo escarlata en menos de dos años- Estaba editado por la Olympia Press de París, pero en inglés: esta olímpica editora clandestina era hija del obelisco fálico que al no estar ya más en la Resistencia erótica era ahora legal y gálica. Ambos editores eran padre, hijo y el espíritu non santo soplaba sobre sus anaqueles: eran los días de los Girodias, puros pornógrafos parisinos. Vi el título del tomito que mé ofrecía Amado, displicente. Se llamaba Lolita, pero excepto por el recuerdo de una criadita ampulosa, popular y tan falsa rubia como falaz amante, llamada Lolita, como para desmentir tanta carne cubana, el nombre no me decía nada.
—Aló, Lolita? —Nadie respondía a mi llamada.
—Vale la pena —me respondió Amado Alonso, y pronunció pena” como si le doliera venderme el libro.
—Es la iniciación de una niña —añadió con autoridad, casi como si fuera el autor de la desfloración impúber, aunque Amado debía saber más de niños que de niñas. Inadvertido o apenas advertido, cogí el libro en la mano— siempre acojo en mi mano lo que me ofrecen: sea, amistosa, otra mano, o ya de esteta, una teta—: verde que 16 quiero verde. Pero en ese momento Odiado Alonso ejecutó una pirueta doble y dijo: “Son dos tomos, ¿sabe.. ?’, y en efecto, eran dos libritos o un mismo libro repetido, como si Lolita tuviera una hermana gemela: dos niñas en flor o siamesas en capullo. El precio que me susurró Amado (ahora amigo, mi semejante, cómplice hipócrita) era exorbitante, y los ojos, en efecto, se me salieron de la obrita: ¡quince posos! sonaban al oído herido como iguales dólares contantes: el peso cubano, como dice el gran Bienvenido Granda, se tuteaba entonces con el dólar dondequiera. Con dolor de dólares devolvía ya los libros a su custodio como una virgen de la noche menor de edad a su proxeneta: arcanos ambos.

Luz del alma
Pero quiso el azar del lector o el designio del autor que advirtiera, en ese momento del duelo, que viera que uno de los dos tomos, cerca del lomo, no sé si en Lo o en Lita, tenía un agujerito redondo (casi imperceptible a un ojo que no fuera muy miope) que atravesaba como una oreja verde de una de las Lolitas de parte púvica a parte pudenga. Era el arte del arete de una traza tropical que venía a vengar al cliente que tiene toda la razón pero no mucho dinero. Esta perforación de Lolita —o mejor, en medias res de Lolita— hizo que se depreciara de inmediato a diez dólares —el libro, no su lectura, siempre preciosa—. Así fue como rapté a Lolita (Sabina en las sábanas o Lauta au  lit) de entre los belgas.
No conocía a Nabokov, por supuesto. Ni siquiera sabía pronunciar su nombre entonces, que me sonaba a Nabuco. Pero su libro me ganó al perderme. Me cautivó enseguida esa primera línea de su falso prefacio, “Lolita o Las confesiones de un viudo blanco”, tanto como el verbo barbarroco “preambular” por poner preámbulo. ¿O es que el protagonista, según su psiquiatra, padecía de manía preambulatoria? Lo ignoraba yo todo del arte de Nabokov, Nabuco narrador, pero enseguida supe que Humbert Humbert, autor de este sí de la niña, estaba loco. El libro abierto, en la misma primera página aparecía ese pequeño poema Doloroso: “Lolita, luz del alma, fuego lumbar”.
Todavía, ya en la novela, me esperaba a la entrada la demencia delirante del poeta pedófilo: “No hay como un asesino para tener el asesino de adorno”. ¿Se referiría acaso a Theodor W. Adorno? O más abajo, la clemencia loca, de ofrecer, como ilustración de su prosa, circular dentro de poco tarjetas postales, verdes, “de brillo”. Como si fuera poco, en ese primer párrafo paranoide el autor ilustraba la muerte de su madre de una manera más elíptica que apocaliptica: “Mi muy fotogénica madre murió en un accidente raro: picnic rayo”. Era, lo vi enseguida, una parodia nada accidental del inicio de El extranjero. Sin las pretensiones filosóficas, claro. Sin la prosa deprisa, de risa, de Camus. Sin piedad, sin par.
Leer el libro, tomo tras tomo, fue una doble fiesta fantástica: de la imaginación verbal, no de la fantasía del funámbulo. Presté Lolita, las dos, a todos mis amigos que sabían inglés en una orgía de frases felices y falsa fornicación. Escribí una crítica ignorante, inepta, que fue, sin embargo, la primera que se hizo en español a Lolita y posiblemente a cualquier libro de Nabokov. No tuvo mucha acogida en Cuba, ni erótica ni heroica, ni en otras partes, que yo sepa. Pero para mí, Viadimir Nabokov fue un descubrimiento y una revelación, casi una revolución en el palacio del placer de leer.
Desde que leí Historia universal de la infamia, en 1947, y descubrí a Borges como otro planeta, orbis tertius, ningún escritor había sido una fuente de regocijo igual y una confirmación de que toda literatura será juego o no será. Un juego de placer como el sexo, y casi tan vital. Un juego metafisico como el ajedrez y casi tan letal. Un juego de solazar. Fetes vos jeux, mesdames et messieurs. Leer a Nabokov era como escribir en inglés: un juego que yo no podía jugar con Joyce o con Lewis Karol o con Stern o con Mark Twain, nacidos en el idioma, pero podía jugar con Nabokov y su ruleta rusa de azar.

Niñas deseosas
En el pseudoprólogo al falso texto de Lolita, un analista alineado advierte que el libro “se volverá sin duda un clásico en los círculos psiquiátricos”. Lolita se ha vuelto más que un nombre propio: es el nombre impropio para señalar a esas niñas deseables, deseosas, como alicias que se ven en un espejo adulto desde temprano. Lolila, el libro, ha resultado algo más y algo menos que lo que el augurio del falaz prologuista proponía. Lolita es un clásico primero del escándalo (como Ulises, como Madame Bóvary) en que la moral no es el libro ni su autor, sino los otros, nosotros.
Es, ahora, un clásico de la literatura del siglo. Este, que es uno de los libros más escritos (sobreescritos) de las últimas décadas, nos viene en imágenes: la Lolita de Kubrick llega ya. Nadie mejor que su autor, Viadimir Nabokov, para opinar de la puesta en pantalla luminosa de sus palabras, cuyo sentido, si no oscuro, es opaco. Entrevistado por EL PAIS, Nabokov, en una nube de núbiles, dijo: “Creo que la película es absolutamente de primera fila”. Si eso dijo el escritor, ¿qué puedo decir yo, entonces, en el estreno de Lolita? Soy sólo un lector, un espectador, un mirón atento siempre a Lolita, pero mirando por un agujero hecho (ahora lo sé) por su autor, y no, como creía, por Amable Alonso...”


Teléfono rojo. ¿ Volamos hacia Moscú ? (1964)
Convençut que els comunistes estan contaminant a la nació americana, un general ordena, en un accés de bogeria, un atac aeri nuclear per sorpresa sobre la Unió Soviètica. El seu ajudant, el capità Mandrake, tracta d'esbrinar el codi per aturar el bombardeig. Per solucionar el problema, el president dels Estats Units es comunica amb Moscou per convèncer el dirigent soviètic que l'atac és un estúpid error. Mentrestant, l'assessor del president, un antic científic nazi, el Dr Strangelove, confirma l'existència de la "Màquina del Judici Final", un dispositiu de represàlia soviètic capaç d'acabar amb la humanitat per sempre.

Cal destacar la canço We’ll Met Again de Vera Lynn.

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Article de A. FERNANDEZ-SANTOS a EL PAIS, 7 de febrer de 1986:
DOCTOR REAGANWATER

“...Stanley Kubrick es uno de los cineastas más brillantes de las últimas décadas. Su brillantez —que consigue con derroches de meticulosidad y un casi enfermizo perfeccionismo— encubre en ocasiones, por exceso de elaboración mecánica, cierta superficialidad y otras, en cambio, se alía con un tino instintivo que le hace llevar la punta de sus relatos a la diana elegida. Es Kubrick un cineasta complicado, pero no profundo. Sus películas deslumbran la imaginación del espectador por un solo lado y padecen de esquematismo, falta de zona intermedia, que hace difícil extraer de ellas segundas o terceras lecturas subterráneas.
De ahí que sus películas fallen cuando se derraman y acierten cuando se concentran. Recordemos que sus mejores filmes, Pasos de Gloria y Atraco perfecto, están entre los primeros que hizo, cuando era muy joven e iba rectamente al grano. Son filmes exactos como teoremas, dotados de imágenes con filo de navaja barbera, que abren limpiamente las pústulas que aprietan. No crean mundos, pero alcanzan composiciones tan bien acabadas que sus piezas encajan unas con otras con exactitud de un mecanismo de relojería.
El lado serio de la risa
Con Doctor Sirangelove, realizada en 1963-64, bajo el recuerdo inquietante del asesinato de Kennedy y el loco ascenso del cómico belicista Barry Goldwater —uno de los padres políticos de Ronald Reagan— hacia los alrededores de la presidencia de los Estados Unidos, Kubrick llenó una doble ambición: realizar un filme sobre la tensión nuclear y poner en movimiento una historia que capturara el instante hipotético en que esa tensión se autodisparase y de asunto político se convirtiese en cataclismo estelar.
Intentó Kubrick un proyecto serio para asunto tan serio y se encontró en un atolladero: cuanto más gravemente exploraba una situación y qué personajes podrían hacerla verosímil, esa situación y esos personajes derivaban fatalmente hacia un inesperado lado irrisorio. Volvió el proyecto del revés: ¿No es la risa la respuesta humana más seria contra la subhumanidad del poder? Y el proyecto de campanuda tragedia cristalizó sin esfuerzo en una afilada tragedia al revés, en una farsa.
El filme, después de dos décadas, se mantiene en pie porque la herencia de los Goldwater es hoy más tangible que las difusas barras y estrellas de la nueva glaciación que nos amenaza y la inquietante imagen de un descuido nuclear ha pasado a ser, de excepción o descuido, un trámite cotidiano constante, asumido pero innombrable del juego, por así llamarlo, de la dialéctica de la guerra fría.
La guerra fría se mantiene como corriente oculta y la reposición de Doctor Strangelove devuelve a la luz la eventualidad permanente de su crispación más o menos accidental. La precisión del filme cuando nació era por tanto más que coyuntural, porque lo que alimentó su horror irónico mantiene intacta su capacidad para despertar risas y advertirnos con ellas que seguimos plácidamente dormidos sobre un colosal chiste negro: la necia pero veraz idea de que nuestra supervivencia como especie sigue custodiada por mentes que no son de nuestra especie.
Doctor Strangelove es un comic sobre la forzosa condición subhumana de quienes componen la cúspide humana del poder político y militar que sobrevuela nuestra supervivencia en este planeta. El filme está visualizado con nitidez de viñetas de comic y es en los personajes fantoches donde este enfoque de comic adquiere una magistral mimesis: los personajes que interpreta Peter Sellers (capitán Mandrake, presidente Muffley y doctor Strangelove), el general Turdigson (George C. Scott), el comandante King Kong (Slim Pickens), y coronel Guano (Keenan Wynn), son feroces parodias extraídas de otra parodia más feroz porque es real.
El trepidante ritmo se mantiene en un montaje simultáneo sobre tres focos permanentes de acción. Uno es el reino de la locura de Ripper; otro, el cómico infierno dialéctico de una sala de operaciones estratégicas cuyo cerebro gris es a la fuerza un contrahecho belicista; y el tercero un suave ajetreo en magistrales tomas de maqueta de un idílico bombardero atómico. Ningún enrevesamiento que le impida ir al grano a un panfleto incrédulo y redactado con tinta de sarcasmo...”

Barry Lyndon (1975)
Ens situem al segle XVIII. El jove Redmond Barry, orfe de pare, s'ha enamorat de la seva cosina, a la qual també pretén el Capità John Quin. Enfrontats en un duel arranjat, Redmond creu haver matat Quin i fuig a Dublin. Decideix allistar-se a l'exèrcit anglès, on comença a desenvolupar la seva enorme habilitat per sobreviure. Un cop de sort fa que, estant a Alemanya, li sorgeix la possibilitat de desertar. Descobert pel Capità Potzdorf, de l'exèrcit prussià, li ofereix la possibilitat de allistar-se en el mateix o ser penjat per desertor; l'elecció és senzilla, un cop a l'exèrcit prussià té la fortuna de salvar la vida del Capità Potzdorf, el que li obre les portes del servei secret Prussià

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Article d’ Octavi Marti a EL PAIS, 25 de juny de 1986:
POCA GLORIA PARA TANTO LUJO

“...Después del enorme éxito de público y crítica de 2001, una odisea del espacio y A clockwork Orange,  Stanley Kubrick decidió cambiar de registro y embarcarse en la adaptación de una novela de Thackeray. Un proyecto por el que renunciaba a su condición de gurú de la modernidad. Porque en eso se había convertido ese cineasta que había emplazado a la NASA para que inventase para él un futuro hiperrealista, o que en Telefono rojo, ¿volamos hacia Moscú? anticipaba ese holocausto nuclear que, 30 años después, la televisión nos venderá como una amenaza reciente en El día después. En Barry Lyndon no hay profecía, pero tampoco hay complacencia en el pasado. En 1975 se hablaba mucho de la moda retro, y la película pareció integrarse en aquella tendencia que reescribía la historia con el propósito de hacerla desaparecer, de ahogarla en el manierismo o en las paradojas del sinsentido, ésas por las que el espectador era invitado a descubrir que prisioneros y verdugos en los campos de concentración nazis eran protagonistas de apasionados relatos de amor sadomasoquista.
No era ésa la intención ni el resultado de Barry Lyndon, entre otras cosas porque el filme no simpatiza con ninguno de sus personajes, que se mantiene a prudente distancia de sus argumentos y no se sirve de sus prodigiosos decorados para reforzar el glamour de sus estrellas. El héroe del filme, confunde la convención con la realidad, no distingue las frases bien educadas y su significado real. Para él sólo existe la literalidad, y se empeña en conquistarla. De ahí su frenesí por los símbolos de la riqueza y el poder, su cinismo primario de arribista sin clase, que acaba derrotado por su deseo de apoderarse del lenguaje de la aristocracia. Kubrick o pinta todo con esa minuciosidad y precisión que ha ido definiendo su cine como la obra de un virtuoso de la imagen, pero el cuidado con que filma la luz de las velas o las batallas en la verde campiña no busca proporcionarnos esa emoción estética que surge del reconocimiento de unos modos que perviven, sino el dejarnos helados ante la inanidad de todas las andanzas del héroe, constancia de la poca gloria que destila tanto lujo.
Fabricar una película tan enorme para hacer salir a flote la banalidad de lo que se cuenta y de quienes lo representan era una apuesta arriesgada, porque Kubrick no se conforma con dejarnos con la imagen sino que logra ir creando otro mundo, subterráneo en el que son reyes todas las caras de la muerte y el horror, desde el absurdo burocrático de los formalismos sociales hasta la sangre que no consiguen ocultar las casacas rojas. Es otro texto el que acaba apoderándose de la película, y la conecta con otros trabajo del cineasta...”


Actualitzat: 18/05/2024

dissabte, 28 d’agost del 2010

KUHN, Thomas S.

 
 
"LA ESTRUCTURA DE LAS REVOLUCIONES CIENTÍFICAS


TEORIA DEL CONEIXEMENT
Fondo de Cultura Económica / Pàgines: 353 / Volum 213 / ISBN: 968-16-7599-1 / Edició: tercera. 2006



Thomas Samuel Khun neix a Cincinnati, Ohio, als Estats Units el 1922 i desenvolupa els seus estudis de física a la Universitat de Harvard. Si bé s'inicia com físic aviat es convertiria en un historiador de la ciència en el seu afany per entendre el progrés del coneixement, dedicant-se més tard a ser professor d'història de la ciència en les més prestigioses universitats nord-americanes. Mor el 17 de juny de 1996 a l'edat de 74 anys a casa de Cambridge, Massachusetts. 

Khun reinicia el debat filosòfic sobre el desenvolupament del coneixement científic amb el seu llibre "La Estructura de les Revolucions Científiques" (1962) elaborant una posició diferent de les sostingudes fins aleshores pels positivistes lògics i pels falsacionistes. Khun no es considera relativista i defensarà la seva tesi que la ciència es troba emmarcada en una història de llargs períodes d'estabilitat (que en el seu llibre anomenarà com a Ciència Normal) que es veuen sistemàticament interromputs per canvis sobtats d'una macroteoría a una altra sense cap possibilitat de comunicació entre elles. Aquestes irrupcions les conceptualitza com Revolucions Científiques, nucli central del seu pensament i objecte fonamental del llibre el qual examinarem.

Khun afirma que l'avanç de la ciència no ha estat lineal, com molts creien, sinó que aquesta ha avançat per ruptures, salts en el coneixement, revolucions, modes de trencar amb la forma de conèixer anterior, és a dir, ella ha progressat sota un esquema circular on tot el procés (ruptura - consolidació de noves macroteorías o paradigmes) torna a recomençar. L’esquema seria el següent [1] :

[1] Extret de Filoxarxa, en data 28 d’agost de 2010.


Khun realitza un enfocament històric de la Ciència des de dues perspectives: una formalista i una altra historicista. La primera entén la ciència com una activitat racional i controlada; i la segona la concep com una activitat concreta que es va donar al llarg dels segles i que en cada època de la història presenta peculiaritats i característiques pròpies, és a dir , una ciència que es troba condicionada per factors externs i que depèn del consens dels seus practicants. Aquest model historicista planteja el progrés de la ciència com un progrés circular.

L'enfocament historicista li dóna importància a factors subjectius en el procés d'investigació científica, mostra que la ciència no és només un contrast entre teories i realitat (com ho fa el falsacionisme popperià), sinó que hi ha en ella diàleg, debat, tensions i lluites entre els que intenten defensar una cosmovisió d'una disciplina científica i els que aspiren a imposar una altra manera de veure, d'entendre, de conèixer. L'activitat científica es veu condicionada per fenòmens externs, és a dir, per un "món exterior".

Paradigma
El concepte de "paradigma" és fonamental en l'estructura del pensament de Thomas Khun. Per aquest entén a les realitzacions científiques universalment reconegudes que, durant un cert temps, proporcionen models de problemes i solucions a una comunitat científica determinada. Els paradigmes són un marc sota el qual s'analitzen els problemes a què s'enfronten els científics i se'ls dóna un model de possibles solucions a diferents trencaclosques a solucionar, és a dir, constitueixen una mena de teories cardinals acceptades de forma general per tota la comunitat científica, que tenen com a objecte aclarir possibles problemes científics (o falles del paradigma).

El paradigma és un patró acceptat per la comunitat científica que obté l'èxit d'haver-se posicionat allà perquè a l'hora de resoldre problemes mostra ser el que més abasta i el que resol un major nombre de fenòmens considerats més urgents. Cap científic pot abandonar el paradigma acceptat pels seus parells sense posar un altre que el reemplaci, l'abandonament d'un paradigma per se constituiria l'abandonament de la ciència mateixa. El que distingeix la ciència de la pseudociència és el paradigma, única base de la ciència normal. 

En l'epíleg, escrit per Khun 7 anys després de la publicació del seu llibre, reconeix 2 sentits diferents de paradigma: d'una banda significa un conjunt de creences, valors, tècniques metodològiques, vocabulari, etc. que comparteixen els membres d'una comunitat donada, és a dir, una cosmovisió compartida per professionals d'una mateixa especialitat, i d'altra banda són les concretes solucions de problemes que es fan servir com a models o exemples per a altres problemes de la ciència normal, és a dir, són les realitzacions científiques que durant un període determinat ofereix models per a possibles solucions a una varietat d'enigmes en general.

Comunitat Científica
Consisteix en el grup de professionals que practiquen una activitat científica. Ells són els que produeixen i validen el coneixement científic. Tots van tenir la mateixa educació (basada en el paradigma que governava en aquest temps) i són els que preparen els estudiants per entrar a formar part de la comunitat científica.

Preciencia i Ciència Normal
Khun concep que hi va haver un moment en la història de la ciència on coexistien diferents paradigmes dins d'una mateixa disciplina, a aquesta etapa l’anomena preciencia. Tot just la ciència entrarà en una etapa de maduresa quan els membres de la comunitat científica acordin adherir a un únic paradigma. 

La ciència normal es dóna quan la comunitat científica està treballant sota un únic i acceptat paradigma. Aquesta s'articula i desenvolupa el paradigma en el seu intent per explicar el comportament d'alguns aspectes del món real, quan els seus resultats experimentals comencen a ser incompatible amb la realitat o que no presentin explicacions fermes a certes anomalies, es desenvolupa un estat de crisi.

Els períodes d'investigació científica normal es caracteritzen per les seves tendències conservadores. Aquí els investigadors científics són premiats no per la seva originalitat, sinó per la seva lleialtat i confirmació de la teoria o paradigma predominant, per la seva tenacitat,  característica que defineix puntualment els períodes de ciència normal.

La fi de la ciència normal és l'èxit del paradigma dominant en la investigació científica. D'acord amb Khun, els èxits d'un paradigma en els períodes de ciència normal són acumulats i integrats en llibres que utilitzen per entrenar a noves generacions d'estudiants sobre els possibles problemes i solucions que trobaran en les seves investigacions científiques. En la ciència normal hi ha acumulació del coneixement científic però no progrés, que només es dóna per canvis de paradigmes dominants, és a dir, per revolucions científiques.

Crisi del paradigma i Revolució Científica
Un paradigma no pot resoldre tots els problemes o enigmes que persisteixen al llarg dels anys, al que comença a ser qüestionat per certs científics quan se senten atrapats entre una anomalia i una teoria que no permet resoldre-la. Cal assenyalar que no és que un problema en la investigació precipitadament ens portarà a una revolució científica. Hi ha certs problemes que no resol la ciència però no la afecta el punt tal que els enigmes es converteixin en una anomalia, perquè el científic intentarà resoldre les incògnites dins del mateix paradigma o amb moviments ad hoc. Encara si persistissin els problemes per al desenvolupament normal de la investigació, es necessitaria d'algú amb un geni bastant il·lustrat com per fer-hi front a tota l'estructura o cosmovisió actual, si aconsegueix construir una nova estructura que permeti trobar resultats d'aquestes anomalies el paradigma conegut entrarà en crisi (concepte al qual Khun li donarà un sentit positiu).

La crisi és el moment previ en el qual sorgeix un canvi en el paradigma dominant, suposa la proliferació de nous paradigmes que posen en perill la credibilitat de l'existent a la vegada que competeixen per l'acceptació de la comunitat de científics, en una primera instància aquests paradigmes apareixen com temptatives i provisionals fins que un d'ells s'imposa contra els altres. La comunitat de científics abandona el paradigma preexistent per un de nou que pugui omplir els buits que el primer deixava, és a dir, que pugui respondre als interrogants que el paradigma de fins a llavors no aconseguia respondre. Quan sorgeix el canvi de paradigmes, havent la comunitat científica prestat el seu consens, es resol la crisi i això constitueix el que Khun diu Revolució Científica.

Ara, aquest és un procés bastant lent i que crea una tensió entre els qui no volen deixar el paradigma actual i el defensen i entre els que volen canviar el paradigma dominant per diferents alternatives construïdes, el que també genera una tensió entre ells, ja que competeixen per a la acceptació de les seves construccions paradigmàtiques. Si després d'haver-se acceptat un únic paradigma, encara persisteixen sectors que segueixen fent servir el paradigma anterior (el que es coneix com "escoles antigues"), se'ls exclourà de la professió i els seus treballs no tindran cabuda com a científics.

La transició d'un paradigma a un altre està lluny de ser un procés d'acumulació, és un procés de progrés en la ciència. Quan la transició està completa organitza una nova forma d'observar, de conèixer, d'investigar, li haurà canviat l'estructura o cosmovisió a la comunitat científica.

Sintetitzant, es podria llavors entendre a la revolució científica com el lapse on hi ha un canvi de paradigma en la comunitat científica, quan un d'ells demostra la seva força i s'imposa. Aquest és un canvi que no implica la total destrucció del paradigma anterior, sinó el seu caràcter de pseudociència. Totes les revolucions impliquen l'abandonament de generalitzacions la força de la qual prèviament havia estat la força de les tautologies. La nova ciència normal es regirà per un nou paradigma que li donarà més maduresa, que farà més rígid el seu camp d'estudi, sigui la ciència quina sigui: la física, biologia, etc.

Incommensurabilitat
Ara ens aturarem en un fenomen que potser passa desapercebut quan llegim “L’estructura de les Revolucions Científiques”, ja que es troba molt ficada entre els conceptes de crisi i revolució científica, i és la incommensurabilitat paradigmàtica.

Atès que diferents paradigmes s'enfoquen i parteixen de diferents problemes i supòsits hi ha una mesura comuna del seu èxit que permeti avaluar o comparar amb els altres, és a dir, són incomparables (no es poden estimar diferències entre els paradigmes) i incompatibles (no poden unir-se ni pot un ser correlatiu a l'anterior).  A causa de això, la transició d'un paradigma a un altre passa d'una manera radical i sobtada, fins podríem dir irracional. L'únic argument que es podrà alçar contra un xoc de paradigmes (entre un que vol mantenir-se i un altre que vol imposar desplaçant al primer) és el d'arguments persuasius que intentin demostrar a la comunitat científica que tal o qual paradigma és el més apte, i així aconseguir que l'acceptin.

A diferència del concepte de incommensurabilitat de Paul K. Feyerabend (1924-1994), que concentrava el seu focus en la qüestió semàntica, el concepte de Khun tindrà un focus més ampli i s'admetrà que podria subsistir certa base semàntica comú entre teories rivals. La comparació de teories incommensurables derivarà de la noció de racionalitat en Khun, que només suposa la possibilitat de comprensió, però no la possibilitat de traducció.

Criteris de demarcació. Veritat i Validació
Criteri de demarcació: no hi ha només un únic criteri de demarcació, ja que cada paradigma té el seu propi criteri. El criteri de què és ciència i què no ho és es delimita per un temps determinat i amb l'acceptació del paradigma gràcies al consens de la comunitat científica.

Criteri de Veritat: no hi ha veritat absoluta, sinó que (igual que el criteri de demarcació) depèn del paradigma vigent. Qui determina quin és aquest paradigma vigent (la comunitat científica) és qui li dóna la legitimació de veritat científica.

La veritat i falsedat es determinen per mitjà de la confrontació empírica de l'enunciat amb els fets, es pot veure com una prova o recerca de confrontació o falsedat.

Criteri de Validació: el dóna el consens de la comunitat de científics quan accepta el paradigma. Moltes vegades hi ha anomalies que generen una crisi i allà apareixen nous paradigmes per intentar resoldre el que l'anterior no podia, quan un d'ells reemplaça al paradigma anterior amb l'acceptació de la comunitat científica, el que passa és que es valida les respostes que aquest donava sobre l'anomalia en qüestió.

Matriu Disciplinària
Aquest concepte apareix en l'epíleg del llibre i estableix un intent de Khun per aclarir el concepte de paradigma. Ell mateix ho indica així: "suggereixo matriu disciplinària, disciplinària perquè fa referència a la possessió comú per part dels que practiquen una disciplina concreta, i matriu perquè es compon d'elements ordenats de diversos tipus." [pàg 313] A cada un d'ells els analitzarà detalladament i els agruparà en 4 grups:

  1. Generalitzacions Simbòliques: són els elements "formals" del paradigma, són expressions que nomenen, defineixen i expliquen els objectes d'estudi. Semblen ser com "lleis de la naturalesa" però que poden ser corregides.
  2. Paradigma Metafísic: és el que estableix un model i mètode comú per a tota la comunitat científica, com també un llenguatge i objectius compartits. És a dir, són compromisos compartits amb creences en models particulars permissibles amb els quals es poden arribar a determinar el que serà acceptat com a explicació i com a solució de problemes.
  3. Valors: són les creences comunes que fan que els científics no es vegin en la necessitat de discutir els fonaments de les seves teories en forma constant. Per exemple: si tots els membres d'una comunitat responguessin a cada anomalia com a causa de crisi o s'abracessin cada nova teoria proposada per qualsevol col lega, la ciència deixaria d'existir. Els valors donen sentit a la comunitat de científics i han de permetre la solució i formulació d'enigmes. [13] Tot i que els valors siguin compartits pels homes de ciència, moltes vegades es veuen afectats per trets de la personalitat individual que diferencia cada un dels diferents membres.
  4. Paradigmes exemplars: són els models de solucions concretes de problemes que els estudiants troben des del començament de la seva educació científica. Aquests paradigmes exemplars donen a la comunitat una finíssima estructura de la ciència. 

Controvèrsia amb Popper
La teoria de Kuhn entra en contradicció amb aspectes fonamentals de la de Popper

Crítica de Kuhn:
El falsacionisme de Popper no té res a veure amb el que Kuhn entén per ciència normal. L’investigador, segons Kuhn, és un solucionador d’enigmes i no pas un testador de paradigmes.
Cap teoria no resol mai tots els problemes, i menys quan tot just comença a desenvolupar-se. El nou paradigma és com un nadó que s’ha de desenvolupar i créixer fins a fer-se realment fort. Si tots els fracassos portessin a rebutjar les teories, aquestes no ens durarien ni cinc minuts i no arribaríem mai a consolidar un paradigma.
A més, si abandonéssim els paradigmes pels errors que hi detectéssim sense tenir-ne cap de nou de preparat ens quedaríem amb no res.

Rèplica de Popper:
Popper reconeix que Kuhn té certa raó. Però l’activitat rutinària portaria a la ciència a la seva autodestrucció. L’existència d’una activitat científica no revolucionària és pròpia del professional poc crític i fomenta el dogmatisme.
De fet, la preocupació fonamental de Popper era l’antidogmatisme. I això tant pel que fa a la ciència com a la política. El dogmatisme és a la ciència com la tirania a la societat. La llibertat i esforç crític de la ciència es correspon a l’esforç crític i de superació que ha de caracteritzar la democràcia.
 
 
Actualitzat: 18/05/2024